Un largo camino hacia los próximos 50 ó 100 años de Renacer

 Los paradigmas vigentes, son un  obstáculo para la tarea de Renacer

            “Cuando acontece la vivencia de una situación límite, como indudablemente es la crisis que provoca la pérdida de un hijo, en la que la existencia se da vuelta como un guante de goma que se saca de la mano, en esa frontera entre lo cognoscible y aquello que está más allá del límite, en esa situación existencial desaparece toda cosmovisión previa y se abre la posibilidad de la percepción  a una nueva cosmovisión posible y con ella un cambio radical en el ser que puede representar “la” oportunidad de toda una vida.
             En palabras de Heidegger, se hace presente la posibilidad de pensar lo no pensado, se vislumbra un nuevo mundo generado a partir de esa revolución interior, a la vez que también se hacen visibles las grandes resistencias del paradigma vigente.
             Planteada la ayuda mutua como un nuevo enfoque frente a los modelos inoperantes vigentes, se hace necesario captar el significado de los paradigmas y del obstáculo que pueden representar para la tarea de Renacer.
            Todo marco conceptual nuevo tiende a cuestionar estructuras de poder vigentes y sus paradigmas, con la consecuente reacción de las establecidas.
             Se entiende por paradigma a la totalidad de valores, técnicas, modelos, etc., compartidos por los integrantes de una comunidad determinada.
             Dicho conjunto de construcciones se asienta siempre sobre un substrato de creencias, imperativos y compromisos históricos no conscientes, en los que los integrantes de esa sociedad no son mayoritariamente conscientes de cómo esa cosmovisión afecta su manera de interpretar la realidad y entender con claridad los fenómenos imperantes.
             Esto plantea la necesidad de ser conscientes del modo en que un determinado paradigma compromete y condiciona el modo de pensar de los individuos, a punto tal que las ideas renovadoras, como son aquellas en que se basa Renacer, corren el peligro de ser rechazadas al colisionar con las generalmente aceptadas.
            Las cosmovisiones adquiridas, como tales, desde la infancia a través de diversos procesos educativos tutelares, no son fácilmente cuestionadas y su capacidad para regir nuestra interpretación de la realidad va mucho más allá de lo pensado.
            Toda actividad humana se estudia, evalúa, razona y valora a partir del paradigma propio de dicha cultura y, de esta manera, somos prisioneros de dichas estructuras, y son, precisamente, éstas las que se oponen a las renovaciones culturales, puesto que los cambios de paradigmas se suceden muy lentamente y no se aprecian hasta que se produce una verdadera colisión entre ellos.
             En la visión actual del hombre y del mundo, que forman parte del paradigma en el que estamos insertos, imperan los modelos atomistas que son aquellos que tratan de reducir todo a su más pequeña expresión, que es el átomo; los materialistas que sólo aceptan como real aquello formado por materia demostrable; los racionalistas que sólo es valido lo que se demuestra por vía de la razón, etc. 
  El reconocimiento de estas posibles colisiones es importante para los integrantes de los grupos de ayuda mutua, dado que, esencialmente, implica el rechazo a todo tipo de tutelaje preexistente, como  es el hecho de no existir jerarquías o autoridades.
             Modelos que toman al hombre como un ser biopsico-social y dejan de lado una de las tres dimensiones del ser humano, y nada menos que la dimensión espiritual.
             Modelos en que predomina la masificación por sobre el valor individual de la persona, así el hombre moderno ha quedado sin rumbo, entonces hace lo mismo que todos los demás y cae en el conformismo, o hace lo que otros le dicen y cae presa del totalitarismo.
             Modelos en el que  las ideas parecen no existir, se han transformado en ideas fosilizadas que son repetidas sin que nadie tenga clara conciencia de su contenido.
             Modelos en que el hombre es juguete de sus impulsos, con un aparato psíquico controlado por sus instintos, en el que predominan la voluntad de placer y la voluntad de poder, en el que el deseo juega un rol fundamental y se ignora la voluntad, específicamente humana, de encontrar sentido a los grandes interrogantes existenciales, se concibe y trabaja con un ser humano que prioriza sus emociones y que cree tener un derecho inalienable a la felicidad, considerando a ésta como una meta.
             Modelos que excluyen de la consideración todo lo que no sean fenómenos naturales y sus propiedades cognoscibles y mesurables mediante los sentidos, en el que todo intento de valoración es visto como una mera expresión de sentimientos.
             Modelos de mundo que toma a éste como un conjunto de materia inerte o viva, a disposición del hombre para su usufructo, con valor sólo utilitario, vemos como se depredan especies animales y recursos naturales sin consideración alguna.
            Este conjunto de modelos que utilizamos en nuestra vida diaria, de manera consciente o no, nos ha llevado a un paradigma de vida sin sentido ni valores centrado en el hombre, y ha generado una civilización que prioriza un hombre individualista, despojado de toda orientación hacia algo que no sea sí mismo. 
            ¿Qué podemos esperar pues de un hombre egocéntrico enfrentado a un mundo en el que no puede encontrar valores dignos de ser realizados y en el que el sentido parece ser tan esquivo que algunos ni siquiera insisten en vivir?
            A estos modelos podemos oponer un modelo que no se satisface con iluminar el fenómeno psíquico sino que incorpora el fenómeno espiritual en la existencia humana, mediante el cual puertas que permanecían cerradas al substrato emocional se abren a las potencialidades del espíritu humano. 
            Renacer se basa en el modelo de hombre y de mundo que nos ofrece Víctor Frankl desde la Logoterapia y el Análisis Existencial que se enfrenta a los paradigmas vigentes.
            Este modelo considera al hombre como un ser bio-psico-espiritual, sin dejar de ser una unidad dentro de esta multiplicidad de dimensiones, libre, responsable y siempre orientado a algo o alguien más allá de él mismo; integrado a una sociedad como persona única e irrepetible, aportando su unicidad para el desarrollo de esa comunidad en una tarea solidaria; comprometido existencialmente en la búsqueda de valores y sentidos que esperan ser realizados por él, con una filosofía existencial que lo lleva a un optimismo trágico y lo reconoce libre y consciente, inserto en un mundo de responsabilidad, siendo suya la decisión sobre el ante qué o quién se hace responsable, ya sea su propia conciencia, la vida, la sociedad, Dios, o por último aquellos seres que lo han precedido en el viaje evolutivo que llamamos muerte.
             Los grupos deben trabajar, no en los porqué, sino en los para qué y en los “a pesar de todo”, y en buscar el sentido en las posibilidades que esperan aún ser realizadas, por lo tanto, deben brindar primeramente aquello que la sociedad no puede ofrecer, ya sea por carecer de ello totalmente, por incapacidad para percibirlo o falta de voluntad para hacerlo.
             Este nuevo hombre se encuentra inserto en un mundo de valores y sentidos, que hace suyos sólo con no escapar a las preguntas que la vida misma va haciéndole según pasan los años; un mundo en el que ese hombre afirma su existir ya sea creando, amando y, cuando el tiempo llega, sufriendo si es necesario, pero asumiendo una actitud que lo haga digno de ser hombre.”
             
                                                                                      Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti
                         bertilogoterapia@gmail.com  o  gyaberti@calamuchitanet.com.ar
Este es un aporte a la difusión del pensamiento de Renacer, a través de la palabra de los creadores de los Grupos Renacer, Alicia y Gustavo Berti, octubre de  2010.

Ulises, Ana y Enrique
De Renacer Congreso – Montevideo Uruguay,  “Por la Esencia de Renacer”