¿Los papás tienen un espacio para llorar en las reuniones?

 

¿Hasta cuándo?

 

    Esta es una pregunta que nos hicieron en el encuentro realizado en Buenos Aires, Avellaneda, en mayo de 2011.

    Cuando decidimos que íbamos a comenzar con Renacer, fue algo absolutamente nuevo, era una idea que no existía en los países de habla hispana.

    Teníamos muy en claro que íbamos a comenzar con un grupo de ayuda para padres; el tema era cómo hacerlo, porque no podía ser un grupo a donde iríamos a llorar nuestras pérdidas, eso ya lo habíamos hecho.

    No nos íbamos a juntar para llorar sino para tratar de encontrar un camino y una salida que nos permitiera una vida digna más allá de nuestra pérdida.

    ¿Qué hubiese pasado si cuando esos padres  venían, nosotros nos hubiéramos puesto a llorar y a contarles a ellos lo nuestro? SI los grupos Renacer fueran lugares donde vamos a llorar, con el tiempo se extinguirían.

    Nosotros en nuestro grupo, cuando iniciamos Renacer, jamás tuvimos que llorar, jamás dimos detalles de la muerte de Nicolás, a no ser que, ocasionalmente, un padre nos preguntara, por alguna razón muy puntual y se lo decíamos al pasar, porque lo más importante es que Nicolás no estaba más con nosotros.

    Así de simple.

    Desde el primer día y siempre, les preguntamos a los padres, “¿si ustedes, ahora, tuvieran que pensar en una sola palabra que definiera a sus hijos, una palabra que definiera a esos hijos que partieron. ¿Qué palabra sería esa?”

    Nos dicen: Amor… vida… esperanza… alegría… son todo…

    Entonces, ¿Por qué lloran?

    ¿Se dan cuenta? Está bien, hay un tiempo de llorar y está bien porque los extrañamos, pero luego, cuando a esos hijos que no están, los logramos definir en una palabra y decimos que son vida, son amor, son alegría, son todo, entonces, en honor y en homenaje a todos esos sentimientos, nos damos cuenta que mucho más fuerte que el dolor es el amor.

    Mucho más fuerte que el dolor por la partida de nuestros hijos – escuchen bien papás nuevos sobre todo – es el amor que por ellos tenemos; no nos reunimos por el dolor, nos reunimos por el amor.

    La pérdida de un hijo es la interrogante más importante que la vida nos ha hecho.

    Como respondamos a esta interrogante marcará la diferencia entre una vida llena de sentido o una vida sumida en la desesperanza y la tristeza.

    Si nuestra elección es la de vivir nuestra vida en homenaje a nuestros hijos los hacemos trascender en la forma en que la vivimos. 

    Nuestra elección hará la diferencia entre encontrar sentido a la partida de nuestros hijos o llorar para siempre sobre preguntas sin respuesta, permitiendo así que nuestra vida sea destruida por esa persona que tanto amamos.

    Tenemos derecho a llorar; pero tenemos que saber que el llanto, que la tristeza, que el enojo, que la ira, que la bronca, son el homenaje que estoy haciéndole a mi hijo.

    Podemos llorar sí, pero hay un tiempo para llorar, no se puede llorar eternamente, porque si se llora eternamente se destruye la familia, se alejan los amigos, lo hijos pronto se alejan también de nosotros; sería una serie de pérdidas sucesivas, no solamente la pérdida del hijo otras pérdidas que vendrán después, eso es lo que nosotros tratamos de evitar ofreciendo el camino de la ayuda mutua.

    Una reunión es como un salón de espejos donde un papá o una mamá que recién llega, puede ver los rostros y las actitudes de otras personas que han pasado por lo mismo, que inclusive sonríen.

    Entonces pueden decir: si ellos pueden yo también voy a poder.

    Ese es el mensaje, porque en el fondo la respuesta al  sufrimiento es una respuesta muda, es una respuesta de actitud, pues si mi actitud frente a la vida es valiosa, aunque sea silenciosa, otra persona la puede imitar.

    Tenemos que saber que no podemos ser juguetes de nuestros sentimientos, que no podemos simplemente decir: bueno, yo voy a llorar porque lo siento, porque estoy mal. ¡No! tenemos que decir: ¿a quien ayudo o a quien perjudico con esto que yo hago ahora?

       Desde el punto de vista del sentido de cada situación o pregunta que la vida le hace al hombre, debemos decir que toda manifestación de pesar tiene sentido si es buena para la persona, buena para los que la rodean y buena para la vida misma. Habrá entonces, situaciones en las que el lamento adquiere sentido y otras en las que es absolutamente opuesto a él.

     Por ejemplo, si un padre encuentra a un hijo que está sólo en su casa llorando la muerte de un hermano puede ser muy importante que él también llore para demostrar su sufrimiento y al mismo tiempo mostrar que el llanto no implica debilidad; por otro lado si ese mismo padre rompe en llanto por la perdida de su hijo cuando otros hijos están por salir con sus amigos, impidiendo así la salida, esa manifestación es absolutamente contraria al sentido.

    Entonces, quiere decir que una vez más nosotros estamos siempre abiertos al mundo, somos trascendentes nos debemos a los demás, sí, NOS DEBEMOS A LOS DEMÁS.

    El pensar sólo en nosotros nos hace dar vueltas sobre nosotros  mismos y no vemos el mundo que nos rodea.

    Queremos un "Renacer" que signifique para nosotros un lugar donde vamos a dar algo en homenaje a nuestros hijos.

    ¿Qué vamos a dar?

    Lo mejor nuestro, entonces, "Renacer" no puede ser un "lloratorio".

    Estas reflexiones intentan responder a la pregunta formulada en el Encuentro de Buenos Aires –Avellaneda- en mayo de 2011 donde alguien nos preguntó ¿Los papás tienen un espacio para llorar en las reuniones? ¿Hasta cuándo?

    Hemos sido claros, no es que no dejamos que las personas lo hagan, simplemente, no lo fomentamos, porque Renacer es una alternativa.

    Ustedes pueden hacer un duelo, hemos visto hacer duelo a miles de padres, en estos 24 años, hemos visto a miles de padres que han llorado años enteros y no arreglaron nada.

    El punto es que nosotros sabemos y los que preguntan, también lo saben, que eso no sirve.

    El grupo existe para mostrar algo superador, porque todos sabemos que eso no funciona, si eso funcionara, bienvenido sea, si yo pudiera aliviarme solamente llorando ¿Qué necesidad habría de un grupo?

    Entonces, Renacer va siendo algo mucho más que, simplemente, un encuentro o un lugar para ir a llorar  por lo mal que me siento luego de la pérdida de mi hijo, tampoco es que uno vaya a reprimir a los padres que manifiestan su dolor en un grupo, simplemente, vamos a mostrar que existe una alternativa superadora al duelo.

    Por eso decimos que Renacer es  un grupo de padres que “enfrentan” la pérdida de hijos, porque, si nos atenemos al significado de la palabra enfrentar, significa una actitud activa, no voy a sentarme a llorar, voy a buscar cómo puedo hacer para enfrentar esto que me toca vivir.

    Somos referentes sociales y eso quiere decir que tenemos el derecho y la responsabilidad de acercarnos a alguien que sufre para darle una palabra de aliento, porque sabemos lo que es sufrir; sabemos lo que es el dolor, sabemos lo que es el sufrimiento y la vida necesita de personas que se brinden a los demás.

    Demasiadas tragedias, demasiado dolor, demasiada injusticia, demasiada miseria hay para que nosotros tengamos una cuota vacante de amor y la tengamos guardada en un bolsillo sin darlo. Como decía la Madre Teresacuando le preguntaron un día, ¿pero hasta cuando hay que dar? Y ella dijo: “Hay que dar… dar… dar… hasta que duela y después seguir dando.”

    ¡Ése es el Mensaje de Renacer!

    A lo largo de estas líneas nos hemos acercado un nuevo camino a recorrer por los seres sufrientes; camino que partiendo de la desesperanza, de la soledad existencial y de un sufrimiento sin sentido aparente, nos conduce a una existencia valiosa, auténtica, que se afirma a sí misma en una lucha laboriosa y honesta, no para no sufrir, no para olvidarnos, sino para reafirmar nuestra firme decisión de volver a empezar una y cuantas veces sea necesario, pero haciéndolo con la frente alta como lo ha expresado Rainer Ma. Rilke: “Si el ángel se digna venir, será porque lo hayamos convocado, no con nuestras lagrimas, sino con la firme convicción de volver a empezar.”

 

                                                            Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti                                                                

                                                                    bertilogoterapia@gmail.com 

                                                                  Viernes 29 de  marzo de 2013