«Fui al súper a comprar con mis hijos de 4 y 5 años. Estaban dormidos en la furgoneta, y, para no despertarlos, los dejé en el aparcamiento pues iba a ser una compra rápida. Dentro del supermercado empecé a oír gritos: había humo en el parking, un coche estaba ardiendo… ¿Nunca pensé que fuera el mío, y con mis dos hijos dentro!». Francisco Heredia, de Gerona, explicaba así cómo ocurrió la muerte de sus hijos. «Es lo más parecido a la propia muerte, al menos es lo más duro que yo conozco», continúa.

Ese día no sólo perdió a sus dos hijos; en una hora, su vida quedó arruinada: familia y trabajo se fueron de un plumazo, ya que su medio para ganarse el sustento era la furgoneta en la que ardieron sus hijos. «En ese momento del trabajo ni te acuerdas, sólo piensas en los niños… Intenté sacarlos pero no pude hacer nada. Estuve un día en el hospital, y ¿cómo decirle a tu mujer que has ido con los niños de paseo y vuelves así? Es muy difícil aprender a vivir sin ellos; para una experiencia así nunca se está preparado, pero nosotros seguimos vivos, y hay que vivir».

Compartir vivencias

Esta idea es la que se intentó transmitir el sábado en San Sebastián, donde se dieron cita padres y madres de toda España que han pasado por una experiencia parecida a la de Francisco. Cerca de doscientas personas se reunieron en el palacio Goikoa para compartir sus vivencias y apoyarse, una reunión que contó con la visita del alcalde de la ciudad, Odón Elorza, quien mostró su apoyo a esta iniciativa.

La del sábado fue la primera de estas citas, que se espera se conviertan en semanales o quincenales a partir de Navidades para el grupo que quede establecido en San Sebastián. Maite Gorosabel, una de las promotoras de la iniciativa en Gipuzkoa, cuya hija murió en accidente de tráfico, hizo las veces de anfitriona. Vladimir, uno de los fundadores de la asociación Renacer, de Barcelona, explicó que el lema de la asociación es Sí a la vida, a pesar del dolor. Porque, según explicó, abandonarse en el dolor acaba convirtiendo a los hijos en verdugos. Los padres que han pasado por esta experiencia -explica- deben comprender que es necesario «aprender a ser sus propios gestores, tanto del dolor como del amor».

Vladimir y el resto de padres desplazados desde Barcelona se trasladaron a San Sebastián para «romper el hielo» a la hora de testimoniar su sufrimiento personal y explicar a los guipuzcoanos el funcionamiento del colectivo. Levantarse y contar en público la experiencia que supone la muerte de un hijo no es una experiencia fácil, pero los guipuzcoanos participaron de manera activa el sábado, ante la satisfacción de los promotores de la creación de un grupo de apoyo. El grupo de Gipuzkoa se organizará como el catalán, en el que no hay cargos, «ni presidente ni secretario, se trata de hablar de tú a tú, basándose únicamente en el intercambio de experiencias». En la actualidad existen en el mundo cerca de trescientas organizaciones Renacer, especialmente en Suramérica, y cerca de una docena en España.


La vida da un vuelco

¿Por qué? Es la primera pregunta que se hacen todos los padres ante la muerte de un hijo. El dolor por la pérdida suscita siempre los mismos sentimientos y casi todos los padres pasan por una fase de rebelión ante lo que les ha deparado el destino. Otra de las características es la negación ante el hecho fatal.

Esto le sucedió a Loli en el primer momento, tras la pérdida de su hijo hace nueve años. «Se levantó de la siesta, vino a buscarle un amigo y salieron en moto. Iba de paquete. Fueron a Pasaia, y yo, que había salido en el coche, me encontré con mi hijo, de 17 años, tirado en la carretera. No podía creer lo que estaba viendo».

Loli relata que los primeros días vivía en una nube, «no recuerdo ni el funeral ni el entierro de mi hijo, me parecía verlo desde fuera». La vida cambia por completo, pero tras el primer momento, un padre debe comprender que hay más cosas, «que la vida sigue y perder un hijo no otorga más derechos, sino más responsabilidades», ya que hay otros hijos y familiares a los que atender, «porque también sufren la pérdida» y todos deben salir adelante.

La creación de un grupo de apoyo mutuo es, para Loli, una válvula de escape. Para la mayoría es un modo de desahogarse y «dar rienda suelta a los sentimientos», pero también existen voces discordantes, como Emilia. «Me parece muy buena idea, es algo muy bonito… Pero a mí me hace sufrir más, yo revivo toda la historia y lo paso peor. No sé si volveré a la próxima cita». Emilia no olvida que hace tres años Peio López, montañero de 39 años, perdía la vida en un accidente de avioneta en Jaca.

Desde entonces su madre, a pesar de tener 12 hijos más, no lo olvida un sólo instante y lo ha convertido en la guía de su vida. «No me dejaron verlo, y yo sólo quería volver a abrazarlo, como días atrás, en la boda de su hermana, el último día que lo vi. Me dijo: ‘Ama, qué guapa estás’. Nunca se me olvidará».

Cuando alguien pasa por el trance de perder a un hijo, es difícil encontrar palabras para consolarlo. Francesc, un padre cuyo único hijo murió hace cinco años, tiene la solución: «Un abrazo. Es lo único que se puede ofrecer».


ASUMIR LA PÉRDIDA

Aceptar: Es fundamental terminar con el proceso de negación de la muerte de un hijo. Hay que darse cuenta de que se ha ido para siempre, y que integrar en la vida esa pérdida no significa olvidar.

Expresar: Hay que aprender a llorar, gritar y descargarse. Es necesario pasar por sentir la rabia de perder a un ser querido y expresarlo. Hay que desahogarse. También es necesario compartir el sentimiento de rabia y dolor con los demás miembros de la familia.

Continuar: No debe olvidarse que existen más miembros en la familia, y se debe canalizar la energía en darse a los demás. También hay que tener en cuenta que quien sobrevive debe continuar viviendo y realizando las actividades que hacía antes de la muerte de su hijo, sin sentirse culpable por disfrutar

Argentina fue la pionera

B.A./DV. SAN SEBASTIÁN

Renacer nació hace quince años en Argentina, cuando un médico sufrió la pérdida de su hijo y se dio cuenta de la necesidad de apoyarse en personas que hubieran pasado por la misma experiencia para asumir la pérdida. Vladimir, uno de los promotores del grupo en España, explica que él conoció la organización por internet, dos meses después de la muerte de su hijo. «Me interesé por el proyecto y viajé a Argentina. Al volver, me reuní con otros padres y creamos un colectivo en Barcelona. Un grupo que está impulsado por el amor a nuestros hijos y que nos enseña a asumir su muerte y vivir, a pesar de su pérdida».

Es una corporación de padres que han perdido uno o más hijos, de cualquier edad y por distintas circunstancias. No hay cargos, todos los miembros son iguales. Se trata de compartir el sufrimiento y apoyarse mutuamente. No está afiliada a ninguna religión, partido político u otras organizaciones, y se mantiene con contribuciones voluntarias ya que es una corporación sin ánimo de lucro.

Su objetivo primordial es conseguir recuperarse del propio dolor y ayudar a otros a alcanzar paz y serenidad. A través de grupos de autoayuda, los padres comparten sentimientos y vivencias que les permiten sobrellevar el duelo. En los grupos, además, se brinda un apoyo afectivo que puede facilitar el avance en el proceso del duelo y transformar el inmenso dolor en sentimientos y acciones positivas.

Puede pertener cualquier padre que haya sufrido la pérdida de un hijo, sin importar el tiempo transcurrido, y siempre que esté dispuesto a dar y recibir ayuda. Existen cerca de trescientas organizaciones de Renacer en el mundo, sobre todo en Suramérica, y cerca de doce en España.